
En diciembre de 2025, la Securities and Exchange Commission presentó cargos contra tres supuestas plataformas de negociación de criptoactivos y cuatro clubes de inversión, marcando un hito en la acción regulatoria frente a operaciones fraudulentas en el sector de las criptomonedas. La demanda, interpuesta ante el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de Colorado, señala a Morocoin Tech Corp., Berge Blockchain Technology Co. Ltd. y Cirkor Inc., actuando junto con los clubes de inversión AI Wealth Inc., Lane Wealth Inc., AI Investment Education Foundation Ltd. y Zenith Asset Tech Foundation, por orquestar una compleja estafa de inversión que defraudó a inversores minoristas por más de 14 millones de dólares. El caso ilustra los métodos sofisticados que emplean los estafadores para captar inversores interesados en trading de criptomonedas y destaca vulnerabilidades esenciales en el funcionamiento de plataformas no registradas.
El esquema revela una operativa multinivel creada para generar credibilidad falsa y captar fondos mediante el engaño. Los clubes de inversión actuaban en aplicaciones de mensajería como WhatsApp, donde los estafadores se hacían pasar por profesionales financieros expertos en mercados de criptomonedas. Ganaban la confianza de los inversores con supuestas recomendaciones generadas por IA, presentadas como fiables y basadas en datos, explotando así el atractivo de la inteligencia artificial para simular sofisticación algorítmica. Después, los autores dirigían a las víctimas a abrir y financiar cuentas en Morocoin, Berge y Cirkor, plataformas que afirmaban falsamente contar con licencias gubernamentales y autorización regulatoria. Según la SEC, estas plataformas exhibían licencias de reguladores, incluida la propia SEC, creando una apariencia de legitimidad esencial para convencer a los inversores de transferir sumas elevadas. Una vez depositados los fondos, los estafadores los desviaban de forma sistemática y ofrecían falsas ofertas de security tokens, presentadas como oportunidades similares a las salidas a bolsa en los mercados tradicionales.
La SEC ha situado entre sus prioridades la actuación contra plataformas de negociación de criptomonedas no registradas, en el marco de una estrategia para proteger al inversor minorista frente a operaciones fraudulentas y no autorizadas. Solo en 2025, las acciones regulatorias de la SEC en el sector cripto alcanzaron niveles récord, con más de 30 procedimientos que supusieron 2,6 mil millones de dólares en restituciones y sanciones, la cifra más alta registrada en casos relacionados con criptomonedas. Esta postura decidida responde a la interpretación de la normativa sobre valores, que considera que muchos criptoactivos son valores sujetos a cumplimiento regulatorio. El marco normativo impone obligaciones legales claras a las plataformas que gestionan estos activos, aunque numerosos operadores eluden intencionadamente el registro para evitar la supervisión y los costes de cumplimiento.
Las infracciones legales atribuidas a casos como Morocoin, Berge y Cirkor implican la vulneración de leyes fundamentales sobre valores diseñadas para proteger a los inversores. En concreto, la SEC acusa a las plataformas de violar la Sección 17(a) de la Securities Act de 1933 y la Sección 10(b) de la Securities Exchange Act de 1934, junto con la Norma 10b-5. Estas disposiciones prohíben prácticas fraudulentas en la oferta y venta de valores, como declaraciones falsas relevantes o conductas engañosas. Los clubes de inversión también enfrentan cargos por las Secciones 17(a)(1) y (3) de la Securities Act, la Sección 10(b) de la Exchange Act y la Norma 10b-5. Lo que caracteriza especialmente estas infracciones es la ocultación deliberada del estatus regulatorio, con afirmaciones falsas de licencias estatales que confieren legitimidad y autoridad. Las prioridades de la SEC muestran que las plataformas no registradas sin infraestructura de compliance adecuada suponen riesgos sistémicos para los inversores minoristas, que habitualmente no pueden verificar por sí mismos la información regulatoria. Al perseguir casos de alto perfil con fraudes cuantiosos y esquemas complejos, la SEC traslada un mensaje directo: la agencia emplea considerables recursos para desmantelar operaciones fraudulentas antes de que puedan escalar.
Quienes valoran plataformas de negociación de criptomonedas deben saber identificar signos que separan a operadores ilícitos de exchanges regulados. El caso de Morocoin, Berge y Cirkor demuestra que las plataformas fraudulentas usan sofisticadas tácticas de ingeniería social, combinando distintos elementos engañosos para influir en el comportamiento inversor. Entre las señales principales destaca la captación no solicitada en redes sociales, sobre todo mediante anuncios con vídeos deepfake de conocidos profesionales financieros que avalan oportunidades de trading inexistentes. Estos vídeos crean una falsa apariencia de respaldo de celebridades y credibilidad profesional que supera el escepticismo racional. Los estafadores aprovechan las redes sociales porque su alcance es masivo e inmediato, permitiendo captar víctimas con mayor facilidad que los canales tradicionales.
La estructura operativa de estos fraudes ofrece más señales a tener en cuenta. Las plataformas legítimas cuentan con jerarquías transparentes, responsables de cumplimiento, asesores legales y gestores de riesgos con credenciales verificables. Las operaciones fraudulentas, por el contrario, muestran estructuras ambiguas, con figuras como "profesores" y "asistentes" en chats grupales que ofrecen recomendaciones personalizadas y presionan para realizar depósitos. La dinámica de grupo permite a los estafadores crear consenso social, aislar a las víctimas de la verificación externa y generar una falsa sensación de comunidad compartida. Los inversores deben saber que los exchanges verdaderos nunca operan a través de chats o mensajería privada donde las transacciones no pueden documentarse y verificarse mediante extractos oficiales y reportes regulatorios. Además, las plataformas que garantizan rentabilidades o resultados elevados de forma constante, independientemente del mercado, ofrecen promesas matemáticamente imposibles dada la volatilidad. Las recomendaciones de IA que supuestamente eliminan el riesgo de mercado resultan especialmente atractivas para inversores noveles, pero el trading legítimo siempre implica asumir riesgo, nunca eliminarlo.
| Categoría de alerta | Conducta de plataforma fraudulenta | Práctica de plataforma legítima |
|---|---|---|
| Declaraciones regulatorias | Afirma falsamente tener licencias oficiales; declaraciones vagas sobre licencias | Muestra números de registro verificables y enlaces a registros oficiales |
| Métodos de captación | Anuncios con deepfakes en redes sociales; invitaciones no solicitadas | Contenidos formativos; comisiones transparentes; documentación de cumplimiento |
| Canales de comunicación | Chats exclusivos; mensajería privada; presión para actuar rápido | Sitio web oficial; canales de soporte documentados; sin presión comercial |
| Promesas de rentabilidad | Rendimientos garantizados; IA elimina todo riesgo; siempre supera el mercado | Información sobre riesgos; proyecciones realistas; rendimiento dependiente del mercado |
| Proceso de verificación | Verificación de credenciales difícil o imposible | Acceso directo a certificaciones de compliance; herramientas de consulta regulatoria |
Las plataformas de negociación de criptomonedas registradas bajo marcos regulatorios deben cumplir exigentes obligaciones de compliance que las operaciones fraudulentas omiten deliberadamente. La SEC exige que estas plataformas se registren como mercados nacionales de valores o sistemas alternativos de negociación, según su modelo y productos ofrecidos. El registro requiere divulgar de forma detallada la infraestructura tecnológica, incluidos los protocolos de seguridad que protegen los fondos de los clientes y previenen accesos no autorizados. Deben implantar marcos de ciberseguridad alineados o superiores a los estándares del sector, pasar auditorías periódicas de terceros independientes y disponer de seguros específicos para la custodia de activos digitales. Estos requisitos suponen costes que las plataformas fraudulentas rehúyen, lo que justifica que opten por licencias falsas en lugar de vías regulatorias reales.
Las plataformas legítimas también deben establecer mecanismos robustos de protección al cliente: segregación de fondos de clientes, reservas de capital adecuadas para cubrir pérdidas, y aplicación de procesos KYC para comprobar la identidad y domicilio del usuario. Las directrices de la SEC sobre tenencia física de valores cripto obligan a mantener control y custodia verificables de los fondos mediante acuerdos documentados con bancos o custodios. Además, los exchanges regulados prohíben el uso de información privilegiada y el front-running, implementan sistemas de monitorización de transacciones para detectar patrones de riesgo y conservan registros detallados de toda la operativa para auditorías regulatorias. Estos requisitos de compliance crean mecanismos de rendición de cuentas que las plataformas fraudulentas no pueden imitar. La transparencia exigida por el registro legítimo es incompatible con el secretismo inherente al fraude.
Los inversores pueden aplicar procesos de verificación concretos para confirmar el estatus regulatorio antes de transferir fondos a cualquier plataforma cripto. El método más directo consiste en consultar la base de datos oficial EDGAR de la SEC y buscar el nombre legal de la plataforma para confirmar el registro activo como mercado de valores o broker-dealer. Los exchanges legítimos muestran enlaces visibles a sus registros regulatorios en sus páginas web oficiales, conscientes de que el cumplimiento es un factor diferencial para atraer a inversores prudentes. Sin embargo, es esencial verificar estos registros de forma independiente, sin confiar en los enlaces de la plataforma, ya que las fraudulentas suelen enlazar a documentos falsificados o caducados que pueden parecer auténticos. La SEC facilita un listado público de exchanges y brokers registrados para contrastar cualquier declaración del operador.
Más allá de la verificación ante la SEC, conviene comprobar si la plataforma presenta acuerdos de custodia con entidades financieras reconocidas para la custodia segura de activos digitales. Plataformas reputadas como Gate mantienen relaciones con custodios o bancos regulados que permiten verificar externamente la segregación y seguridad de los fondos. Los inversores pueden solicitar documentos sobre la entidad que custodia los fondos de clientes y contactar directamente con el custodio para confirmar el acuerdo. Si una plataforma no revela información de custodia o alega métodos propios imposibles de verificar, representa una señal de alerta crítica. Además, debe examinarse el historial operativo de la plataforma revisando informes de compliance, registros regulatorios y auditorías de seguridad independientes publicadas por entidades de referencia en blockchain y ciberseguridad. La simple presencia en redes sociales no acredita legitimidad; muchas plataformas fraudulentas mantienen perfiles profesionales. Es clave priorizar la verificación en registros oficiales y revisar historiales operativos documentados durante años. El tiempo invertido en estos procesos de verificación es insignificante comparado con las consecuencias de operar en plataformas fraudulentas. Aplicando procedimientos sistemáticos, los inversores en criptomonedas minimizan su exposición a los sofisticados fraudes que siguen buscando víctimas menos precavidas.











