Criptomonedas como Bitcoin y Ethereum se fundamentan en software blockchain descentralizado y de código abierto. En su núcleo, una blockchain es una cadena de bloques de datos enlazados en orden cronológico. Desde la primera transacción, cada registro resulta completamente rastreable.
Al tratarse de código abierto, cualquiera puede aportar y contribuir a su mejora. Por ello, la evolución de la blockchain depende en gran medida del consenso de la comunidad, no solo de las decisiones de una empresa u organización.
Un fork ocurre cuando la comunidad modifica las reglas de una blockchain. Estas reglas pueden abarcar la validación de transacciones, el tamaño de los bloques o las funcionalidades del sistema. Al modificarlas, la blockchain puede dividirse.
Tras un fork, la nueva cadena conserva todo el historial de transacciones de la cadena original. Sin embargo, su desarrollo futuro sigue las nuevas reglas, creando una blockchain que avanza en otra dirección.
Un fork no implica necesariamente conflicto. Más frecuentemente, forma parte natural de la evolución continua de la blockchain. Igual que los protocolos de internet se actualizan con el tiempo, las blockchains requieren ajustes para reforzar la seguridad, mejorar el rendimiento o añadir funciones. En ocasiones, un fork puede originar nuevas criptomonedas y ecosistemas, impactando profundamente en el mercado y sus usuarios.
Un soft fork es una "actualización compatible del sistema". Si la mayoría de usuarios y nodos de la red aceptan las nuevas reglas, la blockchain opera como una sola versión. Los bloques generados por la versión anterior siguen siendo válidos, por lo que la cadena no se divide. Tanto Bitcoin como Ethereum han implementado nuevas funciones mediante soft forks, centrados habitualmente en mejoras del protocolo principal o de eficiencia.
Los hard forks suceden cuando los cambios en las reglas son tan relevantes que las versiones antigua y nueva resultan incompatibles. En este caso, la blockchain se divide en dos redes independientes, cada una con sus propias reglas. Muchas criptomonedas reconocidas surgieron como hard forks; por ejemplo, Bitcoin Cash y Bitcoin Gold, ambas nacidas de la cadena principal de Bitcoin.
Los forks suelen producirse en las blockchains por estas razones:
Cuando no se alcanza consenso, un fork permite que distintas visiones avancen de forma independiente.
Ethereum es un ejemplo destacado. Permite no solo transferencias, sino también smart contracts, que impulsan aplicaciones en gaming, DeFi y múltiples soluciones descentralizadas. Si consideramos Ethereum como un sistema operativo, cada fork equivale a una nueva versión de ese sistema. Algunos priorizan la estabilidad, otros el rendimiento y las nuevas funciones. Las versiones antiguas pueden seguir utilizándose, mientras que las nuevas atraen a desarrolladores que exploran aplicaciones innovadoras. Ambas pueden divergir gradualmente o incluso volver a unirse en el futuro.
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Los forks son esenciales en la blockchain. Funcionan como herramientas de actualización técnica y como resultado de diferentes filosofías. Tanto si se trata de un soft fork que mantiene la compatibilidad como de un hard fork que crea un nuevo ecosistema, los forks impulsan la evolución continua de las criptomonedas. Comprender los forks implica entender no solo las diferencias técnicas, sino también cómo la blockchain avanza gracias al consenso, la innovación y la libertad de elección.





