

En 2025, el papel de las stablecoins en el sistema financiero global experimentó un cambio fundamental. Aquello que antes era un elemento marginal en el universo de las criptomonedas evolucionó silenciosamente hasta convertirse en una fuerza principal con consecuencias tangibles para las finanzas tradicionales, los pagos y las transacciones transfronterizas. Las stablecoins han dejado de considerarse una mera infraestructura especulativa o técnica del sector cripto. Ahora ocupan una posición central en el movimiento de dinero dentro de la economía digital, captando el interés de bancos, reguladores, inversores y responsables políticos.
Este cambio fue el resultado de años de crecimiento acelerado, adopción masiva dentro del ecosistema cripto y una demanda cada vez mayor de dinero digital más rápido, económico y programable.
En 2025, las stablecoins alcanzaron niveles de uso sin precedentes en los mercados digitales. Los volúmenes de transacción se elevaron hasta los billones de dólares, reflejando cómo estos activos digitales se han integrado en la actividad diaria del sector cripto: desde el trading y los préstamos hasta las remesas y las operaciones DeFi. Cada vez más, empresas y particulares han adoptado las stablecoins no solo como un medio de intercambio conveniente, sino como una forma digital de dinero con utilidad real.
Este crecimiento vertiginoso ha forzado a las instituciones TradFi —bancos, redes de pago y gestores de activos— a replantearse su perspectiva sobre las stablecoins. Lo que empezó siendo una innovación de nicho ha pasado a ser imposible de ignorar, sobre todo ahora que los volúmenes y los índices de adopción rivalizan con los de las redes de pago tradicionales.
Diversas tendencias interconectadas hicieron que 2025 fuera el año en que las stablecoins alcanzaron la relevancia financiera generalizada:
Utilidad ubicua en pagos: Las stablecoins ofrecen liquidación casi instantánea y bajos costes de transacción, lo que las convierte en alternativas atractivas frente a las infraestructuras fiat tradicionales para pagos internacionales y comercio digital. Su capacidad de mover valor de forma rápida en cualquier parte del mundo ha puesto de manifiesto las ineficiencias de los sistemas tradicionales, abriendo nuevas vías para el sector.
Flujos de transacción masivos: El volumen de actividad con stablecoins —a menudo en billones de dólares— ha captado la atención de los actores institucionales, conscientes de que ignorar estos flujos supone renunciar a un segmento en pleno auge de las finanzas digitales.
Puente entre TradFi y cripto: Las stablecoins funcionan como nexo entre el mundo financiero regulado y el dinámico universo de los activos digitales. Permiten a los participantes de TradFi experimentar con liquidaciones en blockchain, activos tokenizados y finanzas programables, sin abandonar el marco regulatorio conocido. Cada vez más entidades financieras buscan incorporar stablecoins en procesos empresariales cotidianos, desde la gestión de tesorería hasta los pagos a clientes.
Impulso regulatorio: El crecimiento de las stablecoins ha ido acompañado de un aumento del interés regulatorio. Gobiernos y autoridades financieras de todo el mundo están desarrollando marcos específicos para supervisar estos activos, con el objetivo de proteger a los consumidores e integrarlos con seguridad en el sistema financiero. Este cambio marca el paso de la experimentación a la integración formal con las finanzas convencionales.
En 2025, las stablecoins dejaron de limitarse a los exchanges de cripto y se emplearon cada vez más en contextos propios de los servicios financieros tradicionales:
Ante este crecimiento incuestionable, TradFi ha comenzado a adaptarse:
Pese a su crecimiento, las stablecoins presentan controversias y desafíos clave:
De cara al futuro, las stablecoins están llamadas a integrarse aún más en las finanzas globales. Se perfilan como piezas clave en pagos, estrategias de activos digitales y sistemas híbridos TradFi-DeFi que aprovechan lo mejor de ambos mundos. Para inversores, empresas e instituciones financieras, comprender la dinámica de las stablecoins será esencial para afrontar el nuevo escenario. Su ascenso en 2025 marca un punto de inflexión: el dinero digital, antes periférico, ahora ocupa el centro de la transformación financiera.









