Uno de los máximos organismos reguladores bancarios de Estados Unidos, la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC), a través de su jefe Jonathan Gould, ha lanzado una advertencia clara y contundente. El 10 de diciembre, durante la Cumbre de Políticas de la Blockchain Association, afirmó que los grupos bancarios tradicionales que intentan impedir que los bancos fiduciarios nacionales ofrezcan servicios de custodia de criptomonedas están siguiendo una “fórmula para la irrelevancia”. Citó datos que muestran que, hasta el tercer trimestre de 2025, los activos no custodiados gestionados por los bancos fiduciarios nacionales ya rozan los 2 billones de dólares, lo que representa el 25% de sus activos totales bajo gestión. Este posicionamiento supone un fuerte respaldo a los esfuerzos de compañías cripto como Coinbase y Ripple para obtener licencias de banco fiduciario nacional, y marca que la alta dirección regulatoria estadounidense está impulsando activamente la integración profunda entre las finanzas tradicionales y los activos digitales.
“Encerrar a los bancos, incluidos los bancos fiduciarios nacionales existentes, en tecnologías o modelos de negocio del pasado es una fórmula para la irrelevancia.”
Esta frase de Jonathan Gould, jefe de la OCC, es sin duda la crítica más directa contra las fuerzas conservadoras que intentan excluir las criptomonedas del sistema bancario tradicional. En la Cumbre de Políticas de la Blockchain Association en Washington, el principal supervisor bancario nacional adoptó una postura inusualmente firme, defendiendo plenamente la participación de los bancos en los servicios de custodia de activos cripto.
El discurso de Gould se dirigió directamente a la reciente resistencia colectiva de los grupos bancarios a las solicitudes de licencia de banco fiduciario nacional por parte de empresas cripto. La Independent Community Bankers of America y el Bank Policy Institute enviaron previamente cartas a la OCC instando a rechazar la solicitud de licencia de varias empresas, incluida Coinbase y Connectia Trust de Sony Bank, alegando que estas solicitudes intentan “explotar lagunas regulatorias” y constituyen una “reinterpretación inaceptable” de la ley federal. Gould refutó estas afirmaciones señalando que la historia de los bancos fiduciarios nacionales dedicados a actividades no fiduciarias se remonta a los años 70 y que no se trata de algo novedoso, sino de la evolución natural de la actividad bancaria.
Reforzó su argumento con datos impactantes: solo en el tercer trimestre de este año, los bancos fiduciarios nacionales reportaron activos no custodiados cercanos a los 2 billones de dólares, el 25% de sus activos totales bajo gestión. Subrayó: “Prohibir a los bancos fiduciarios nacionales realizar actividades no fiduciarias no solo podría socavar la naturaleza dinámica y en evolución del sistema bancario federal, sino también perturbar actividades tradicionales de los bancos fiduciarios nacionales que superan el billón de dólares”. Su lógica es clara y contundente: la custodia de activos digitales no es más que cambiar el objeto custodiado, de certificados electrónicos de acciones a activos digitales en blockchain, sin diferencia esencial, por lo que “no hay razón para tratar de forma distinta a los activos digitales”.
Postura y datos clave de la OCC:
Empresas cripto actualmente solicitando licencia de banco fiduciario nacional (selección):
¿Por qué el jefe de la OCC defiende con tanto ahínco la “custodia cripto”? Para entenderlo, hay que aclarar primero qué significa realmente “custodia” en las finanzas tradicionales y su enorme escala. En el contexto bancario, “custodia” va mucho más allá de guardar lingotes de oro o acciones en papel. Se refiere a un conjunto completo de servicios de activos para clientes institucionales (como fondos de cobertura, fondos de pensiones, oficinas familiares), incluyendo la salvaguarda de activos, liquidación de operaciones, cobro de rendimientos, gestión de acciones corporativas, etc. Una vez digitalizados, los bancos custodian registros electrónicos y derechos de acceso.
Gould señala que los bancos llevan décadas custodiando derechos electrónicos sobre acciones. Así, cambiar el objeto custodiado de “el registro electrónico de acciones de una empresa” a “el registro de propiedad de bitcoin en blockchain” no supone una diferencia revolucionaria ni en función técnica ni en riesgo. El verdadero desafío radica en que los bancos deben crear sistemas tecnológicos seguros y conformes para gestionar claves privadas de blockchain y adaptarse a ciclos de liquidación 24/7. Esto es más un problema de actualización operativa y tecnológica que de un cambio legal o de modelo de negocio disruptivo.
Las directrices más recientes de la OCC van más allá, permitiendo expresamente que los bancos actúen como intermediarios sin riesgo en operaciones con criptomonedas. En este modelo, el banco actúa como bróker, comprando a una parte y vendiendo a otra activos digitales, sin mantener inventario propio (salvo en casos excepcionales), lo que elimina el riesgo de mercado directo. Esto abre la puerta a que los bancos tradicionales participen en la economía cripto de forma segura y obtengan ingresos por comisiones, y responde a la preocupación de que la tenencia directa de criptoactivos volátiles suponga riesgo para el banco.
La retórica vehemente de Gould destapa la profunda fractura y ansiedad que atraviesa la banca estadounidense. Las instituciones tradicionales, especialmente los bancos comunitarios, se oponen desde el miedo en varios frentes. Primero, el temor a la “desintermediación”: que las stablecoins y las finanzas descentralizadas (DeFi) puedan eludir el sistema bancario y drenar depósitos y pagos, erosionando su margen de beneficio. Segundo, el temor a los “riesgos y el cumplimiento normativo”, preocupados por la volatilidad cripto, la complejidad del AML y las barreras tecnológicas.
No obstante, Gould ofrece otra perspectiva: la tecnología cripto también puede ser una herramienta, no solo una amenaza. Ha señalado que las stablecoins podrían ayudar a los bancos comunitarios a competir con las grandes instituciones. Por ejemplo, los bancos pueden usar stablecoins para ofrecer pagos transfronterizos más rápidos y baratos, atrayendo nuevos clientes. Ofrecer la custodia cripto como servicio puede atraer a una nueva generación de clientes de alto patrimonio o inversores institucionales, generando una nueva fuente de ingresos.
En un plano más profundo, este debate afecta directamente a la competitividad futura de la banca estadounidense. Según la OCC, tras 15 años de estancamiento, en 2025 las nuevas solicitudes de licencia bancaria subieron a 14, muchas vinculadas a negocios de activos digitales. Gould advierte que bloquear esta innovación regulatoria es “corto de miras”, “legalmente injustificado y provoca una pérdida de dinamismo y competitividad bancaria”. Si la banca nacional estadounidense rechaza servir a la próxima generación de empresas financieras digitales, estas —junto con su capital, innovación y empleo— podrían migrar a jurisdicciones offshore más favorables o a nuevas empresas fiduciarias estatales.
La actitud actual de la OCC marca un cambio fundamental en la filosofía regulatoria bancaria estadounidense desde la administración Trump. Recordemos que bajo el gobierno de Biden, la OCC exigía que los bancos solicitaran permiso previo antes de sumergirse en el ámbito cripto, con una postura cauta e incluso conservadora. Ahora, bajo el liderazgo de Gould, la OCC no solo ha retirado muchas restricciones, sino que también publica nuevas directrices aclarando el alcance de las actividades permitidas y respalda públicamente a las empresas cripto en la solicitud de licencias bancarias.
Este cambio va en línea con la política de la Casa Blanca. El presidente Trump y miembros de su familia han mostrado actitudes favorables e incluso participativas respecto al cripto, lo que ha impulsado a reguladores como la SEC a replantear normas y eliminar barreras. El objetivo es claro: reducir la brecha entre las finanzas tradicionales y las actividades cripto, asegurando el liderazgo de EE.UU. en la era de las finanzas digitales.
Por supuesto, las críticas persisten. Los detractores sostienen que esta rápida fusión entre el sistema financiero tradicional, regulado estrictamente, y el volátil y regulatoriamente laxo mundo cripto podría crear riesgos sistémicos desconocidos. Sin embargo, la postura de la OCC parece ser que, en vez de prohibir por miedo y empujar los riesgos fuera del alcance regulatorio (lo que generaría “banca en la sombra”), es preferible integrar estas actividades en el marco federal bajo principios de “seguridad y solidez”, garantizando una supervisión transparente y prudente. El caso de la supervisión continua de Anchorage Digital hasta el levantamiento de la orden de cumplimiento tras alcanzar los estándares requeridos es una muestra práctica de este enfoque.