A veces, la verdad, no creo nada en el destino, pero otras veces no me queda más remedio que creer, porque que te pasen ciertas desgracias una o dos veces puede ser casualidad, pero que ocurran cinco o seis veces ya no tiene explicación.
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A veces, la verdad, no creo nada en el destino, pero otras veces no me queda más remedio que creer, porque que te pasen ciertas desgracias una o dos veces puede ser casualidad, pero que ocurran cinco o seis veces ya no tiene explicación.