Quizás estás en medio de un camino empinado, con las piedras que se deslizan constantemente bajo tus pies y un viento tan fuerte que casi no puedes mantener los ojos abiertos. En este momento, sientes una fatiga sin precedentes — no por el cansancio físico, sino por ese agotamiento que penetra hasta los huesos. Quieres detenerte, incluso dar la vuelta y regresar, porque aunque el camino de regreso es simple, al menos es plano.
Pero quiero decirte: precisamente ese camino que parece imposible está formando una versión diferente de ti.
¿Has visto alguna vez una semilla romper la tierra? Tiene que enfrentarse a la tierra dura, soportar la presión de la oscuridad, para poder alcanzar el primer rayo de sol. Si la semilla pudiera hablar, seguramente diría que ese proceso es doloroso. Pero precisamente esa resistencia la convierte en una planta capaz de afrontar tormentas y lluvias.
La adversidad no viene a derrotarte, sino a esculpirte de nuevo. Cuando la vida te quita todo lo que conoces, no es para dejarte sin nada, sino para abrir espacio y permitir que florezcan en ti una mayor resiliencia, una sabiduría más clara y una fuerza más profunda. La ansiedad que no te deja dormir, la duda que te invade una y otra vez, los obstáculos que parecen insuperables — no son el final de tu historia, sino los puntos de inflexión más importantes.
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Quizás estás en medio de un camino empinado, con las piedras que se deslizan constantemente bajo tus pies y un viento tan fuerte que casi no puedes mantener los ojos abiertos. En este momento, sientes una fatiga sin precedentes — no por el cansancio físico, sino por ese agotamiento que penetra hasta los huesos. Quieres detenerte, incluso dar la vuelta y regresar, porque aunque el camino de regreso es simple, al menos es plano.
Pero quiero decirte: precisamente ese camino que parece imposible está formando una versión diferente de ti.
¿Has visto alguna vez una semilla romper la tierra? Tiene que enfrentarse a la tierra dura, soportar la presión de la oscuridad, para poder alcanzar el primer rayo de sol. Si la semilla pudiera hablar, seguramente diría que ese proceso es doloroso. Pero precisamente esa resistencia la convierte en una planta capaz de afrontar tormentas y lluvias.
La adversidad no viene a derrotarte, sino a esculpirte de nuevo. Cuando la vida te quita todo lo que conoces, no es para dejarte sin nada, sino para abrir espacio y permitir que florezcan en ti una mayor resiliencia, una sabiduría más clara y una fuerza más profunda. La ansiedad que no te deja dormir, la duda que te invade una y otra vez, los obstáculos que parecen insuperables — no son el final de tu historia, sino los puntos de inflexión más importantes.