Cada vez que la tecnología acelera la sociedad, los mismos problemas se repiten: cómo buscar el progreso sin ser dominados por la fuerza que lo genera.
Los tres monstruos y el dilema moderno
Nuestra era está dominada por tres grandes fuerzas. La primera es las grandes corporaciones. Aunque impulsan la innovación tecnológica, también crean adicción en los usuarios y monopolizan el mercado. La segunda es el gran gobierno. Proporciona servicios públicos y mantiene el orden, pero puede decidir arbitrariamente los resultados y limitar la libertad de expresión y pensamiento. Y la tercera es el poder de las masas—que posee el potencial de la sociedad civil, pero puede caer en el populismo, justicia por mano propia y homogenización cultural.
Desde la perspectiva de la hipótesis de conciencia pasiva, no basta con adaptarse pasivamente a estos entornos moldeados por estas tres fuerzas; necesitamos mecanismos para contrarrestarlas activamente. El sistema actual nos priva de opciones, subordinándonos a una sola fuerza y obstaculizando la libertad de conciencia humana.
Las empresas se convierten en “máquinas de maximización de beneficios”, ampliando la brecha con los valores sociales. La industria de los videojuegos, que antes buscaba diversión, ahora depende de mecanismos similares a las máquinas tragamonedas. Los sistemas de recompensa en los juegos se vuelven más complejos, y los jugadores son guiados inconscientemente hacia pagos dentro del juego. Este es un ejemplo típico de cómo las empresas distorsionan el entorno.
El gobierno, en lugar de ser solo un “establecedor de reglas” mediante leyes, a menudo se convierte en un “participante en el juego”. Cuanto mayor es su escala, mayor es su capacidad de distorsión.
Las masas no son un conjunto de organizaciones independientes, sino que se transforman en un solo organismo manipulado por un líder único, como en la pasión de la Revolución Francesa.
¿Por qué la economía de escala genera desequilibrios?
Un cambio crucial ocurrió en la transición del siglo XX al XXI. Antes, las economías de escala prevenían automáticamente la concentración de poder. La vastedad del territorio, la dificultad de desplazamiento y la dispersión de la información actuaban como frenos naturales.
Pero ahora:
Automatización: tareas globales pueden ser completadas por pocas personas.
Tecnologías propietarias: solo se otorgan derechos de uso, mientras que el control puede ser monopolizado.
Efectos de red: ventajas iniciales pequeñas se amplifican exponencialmente.
Las pequeñas diferencias en las etapas iniciales se convierten con el tiempo en dominaciones abrumadoras. Los tramposos corren más rápido, mientras que las tortugas pierden toda esperanza de adelantar.
El antiguo efecto de dispersión—la ingeniería inversa de tecnologías, la movilidad del talento, el crecimiento de países que alcanzan a otros—ya no funciona.
El camino de la descentralización para sobrevivir
La solución es una: institucionalizar la difusión forzada.
Primera fase: imposición de compatibilidad
Un ejemplo es la estandarización USB-C en la UE. Dificulta la creación de ecosistemas propietarios y garantiza opciones para los usuarios.
Segunda fase: interoperabilidad contraria
Permitir conectar nuevas herramientas sin autorización de plataformas existentes. Alternativas a las redes sociales, bloqueadores de anuncios, servicios de reparación independientes—que evaden los cuellos de botella centralizados. Como Sci-Hub contra el monopolio de las publicaciones académicas.
Tercera fase: cooperación mediante diversidad
Organizaciones abiertas, federaciones nacionales, DAOs—estructuras sin un único líder. Lido en Ethereum es un buen ejemplo: con una participación del 24% en staking, pero con un diseño descentralizado mediante DAO que reduce preocupaciones. Múltiples operadores de nodos, doble gobernanza, derechos de veto de los stakeholders—estrategias para reducir el apalancamiento del poder.
De la pasividad a la acción—una nueva ética
La ética antigua era binaria: “No seas fuerte” o “Sé fuerte”.
La nueva ética es diferente: No poseas poder. Pero da poder a otros.
Minimizar la posibilidad de adquirir poder mientras se genera impacto activo. Esa es la única forma de superar la hipótesis de conciencia pasiva.
Los proyectos deben dejar de ser solo modelos de negocio y comenzar a diseñar modelos descentralizados. Cómo evitar convertirse en un nodo de concentración de poder, cómo gestionar los riesgos que trae la acumulación de poder—esto será la clave de la competitividad a largo plazo.
D/acc: proteger un mundo multipolar
El multilateralismo enfrenta la hipótesis de un mundo vulnerable. Cuanto más disperso esté el poder, más aumentan los actores destructivos. El riesgo de que aparezcan varios individuos con capacidad para causar daños a toda la humanidad.
Por eso, se necesita un D/acc (aceleracionismo defensivo). Desarrollar tecnologías tanto ofensivas como defensivas, y hacer que sean completamente abiertas. Medios de defensa accesibles para todos, sin dominadores.
Estas tecnologías defensivas pueden reducir la demanda de monopolización del poder, al disminuir el temor a la concentración de poder.
Conclusión: el equilibrio del poder se diseña
El verdadero problema del siglo XXI no es la existencia del poder, sino cómo evitar su concentración.
Blockchain y Web3 ofrecen una respuesta a este problema: mecanismos que distribuyen el poder en el nivel del protocolo, sin depender de servidores centralizados.
Pero la tecnología por sí sola no basta. Es necesario que cambien las políticas, la cultura y la ética simultáneamente.
Una sociedad que busca el progreso sin ser dominada por quienes lo generan—esto no surge por casualidad. Debe ser diseñada intencionalmente y protegida continuamente.
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Triángulo de poder: El nuevo equilibrio entre "dominación y libertad" que muestra la cadena de bloques
Cada vez que la tecnología acelera la sociedad, los mismos problemas se repiten: cómo buscar el progreso sin ser dominados por la fuerza que lo genera.
Los tres monstruos y el dilema moderno
Nuestra era está dominada por tres grandes fuerzas. La primera es las grandes corporaciones. Aunque impulsan la innovación tecnológica, también crean adicción en los usuarios y monopolizan el mercado. La segunda es el gran gobierno. Proporciona servicios públicos y mantiene el orden, pero puede decidir arbitrariamente los resultados y limitar la libertad de expresión y pensamiento. Y la tercera es el poder de las masas—que posee el potencial de la sociedad civil, pero puede caer en el populismo, justicia por mano propia y homogenización cultural.
Desde la perspectiva de la hipótesis de conciencia pasiva, no basta con adaptarse pasivamente a estos entornos moldeados por estas tres fuerzas; necesitamos mecanismos para contrarrestarlas activamente. El sistema actual nos priva de opciones, subordinándonos a una sola fuerza y obstaculizando la libertad de conciencia humana.
Las empresas se convierten en “máquinas de maximización de beneficios”, ampliando la brecha con los valores sociales. La industria de los videojuegos, que antes buscaba diversión, ahora depende de mecanismos similares a las máquinas tragamonedas. Los sistemas de recompensa en los juegos se vuelven más complejos, y los jugadores son guiados inconscientemente hacia pagos dentro del juego. Este es un ejemplo típico de cómo las empresas distorsionan el entorno.
El gobierno, en lugar de ser solo un “establecedor de reglas” mediante leyes, a menudo se convierte en un “participante en el juego”. Cuanto mayor es su escala, mayor es su capacidad de distorsión.
Las masas no son un conjunto de organizaciones independientes, sino que se transforman en un solo organismo manipulado por un líder único, como en la pasión de la Revolución Francesa.
¿Por qué la economía de escala genera desequilibrios?
Un cambio crucial ocurrió en la transición del siglo XX al XXI. Antes, las economías de escala prevenían automáticamente la concentración de poder. La vastedad del territorio, la dificultad de desplazamiento y la dispersión de la información actuaban como frenos naturales.
Pero ahora:
Las pequeñas diferencias en las etapas iniciales se convierten con el tiempo en dominaciones abrumadoras. Los tramposos corren más rápido, mientras que las tortugas pierden toda esperanza de adelantar.
El antiguo efecto de dispersión—la ingeniería inversa de tecnologías, la movilidad del talento, el crecimiento de países que alcanzan a otros—ya no funciona.
El camino de la descentralización para sobrevivir
La solución es una: institucionalizar la difusión forzada.
Primera fase: imposición de compatibilidad
Un ejemplo es la estandarización USB-C en la UE. Dificulta la creación de ecosistemas propietarios y garantiza opciones para los usuarios.
Segunda fase: interoperabilidad contraria
Permitir conectar nuevas herramientas sin autorización de plataformas existentes. Alternativas a las redes sociales, bloqueadores de anuncios, servicios de reparación independientes—que evaden los cuellos de botella centralizados. Como Sci-Hub contra el monopolio de las publicaciones académicas.
Tercera fase: cooperación mediante diversidad
Organizaciones abiertas, federaciones nacionales, DAOs—estructuras sin un único líder. Lido en Ethereum es un buen ejemplo: con una participación del 24% en staking, pero con un diseño descentralizado mediante DAO que reduce preocupaciones. Múltiples operadores de nodos, doble gobernanza, derechos de veto de los stakeholders—estrategias para reducir el apalancamiento del poder.
De la pasividad a la acción—una nueva ética
La ética antigua era binaria: “No seas fuerte” o “Sé fuerte”.
La nueva ética es diferente: No poseas poder. Pero da poder a otros.
Minimizar la posibilidad de adquirir poder mientras se genera impacto activo. Esa es la única forma de superar la hipótesis de conciencia pasiva.
Los proyectos deben dejar de ser solo modelos de negocio y comenzar a diseñar modelos descentralizados. Cómo evitar convertirse en un nodo de concentración de poder, cómo gestionar los riesgos que trae la acumulación de poder—esto será la clave de la competitividad a largo plazo.
D/acc: proteger un mundo multipolar
El multilateralismo enfrenta la hipótesis de un mundo vulnerable. Cuanto más disperso esté el poder, más aumentan los actores destructivos. El riesgo de que aparezcan varios individuos con capacidad para causar daños a toda la humanidad.
Por eso, se necesita un D/acc (aceleracionismo defensivo). Desarrollar tecnologías tanto ofensivas como defensivas, y hacer que sean completamente abiertas. Medios de defensa accesibles para todos, sin dominadores.
Estas tecnologías defensivas pueden reducir la demanda de monopolización del poder, al disminuir el temor a la concentración de poder.
Conclusión: el equilibrio del poder se diseña
El verdadero problema del siglo XXI no es la existencia del poder, sino cómo evitar su concentración.
Blockchain y Web3 ofrecen una respuesta a este problema: mecanismos que distribuyen el poder en el nivel del protocolo, sin depender de servidores centralizados.
Pero la tecnología por sí sola no basta. Es necesario que cambien las políticas, la cultura y la ética simultáneamente.
Una sociedad que busca el progreso sin ser dominada por quienes lo generan—esto no surge por casualidad. Debe ser diseñada intencionalmente y protegida continuamente.