Expresar vergüenza en la lengua materna debería ser un problema que todos enfrentan, pero en un idioma extranjero resulta mucho más fácil, especialmente en relaciones cercanas donde hay muchas cosas pequeñas difíciles de decir.
El vocabulario en la lengua materna lleva consigo una gran carga emocional y cultural, por lo que antes de describir algo ya sientes la intensidad de las emociones que lo rodean, y en el subconsciente automáticamente se generan muchas «consecuencias negativas». En cambio, el vocabulario en un idioma extranjero es más como un «símbolo neutral», lo que reduce la activación de la amígdala y tiene una función de «disonancia cognitiva». Así, es más fácil decir las palabras que originalmente estaban atascadas en la garganta.
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Expresar vergüenza en la lengua materna debería ser un problema que todos enfrentan, pero en un idioma extranjero resulta mucho más fácil, especialmente en relaciones cercanas donde hay muchas cosas pequeñas difíciles de decir.
El vocabulario en la lengua materna lleva consigo una gran carga emocional y cultural, por lo que antes de describir algo ya sientes la intensidad de las emociones que lo rodean, y en el subconsciente automáticamente se generan muchas «consecuencias negativas».
En cambio, el vocabulario en un idioma extranjero es más como un «símbolo neutral», lo que reduce la activación de la amígdala y tiene una función de «disonancia cognitiva». Así, es más fácil decir las palabras que originalmente estaban atascadas en la garganta.