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Hasta los últimos días: cómo Charlie Munger reescribió las reglas de inversión en el ocaso de su vida
Charlie Munger — el legendario vicepresidente de Berkshire Hathaway— vivió una vida que desmentía todas las ideas sobre cómo deben vivir y actuar las personas en la vejez. Hasta sus últimos momentos, este gigante del mundo de las inversiones no dejó de arriesgar, aprender y cambiar su comprensión de los mercados. Un reciente reportaje especial del Wall Street Journal, basado en los recuerdos de su familia y amigos cercanos, revela un lado poco conocido de su personalidad: el retrato de una persona que rechazó una vida tranquila en la costa para mantenerse entre personas, proyectos y oportunidades que lo inspiraban.
La elección de Munger de vivir en una vieja casa sin aire acondicionado en Los Ángeles, en lugar de una mansión lujosa con vista al océano en Montesito, habla de sus prioridades. Valoraba más la cercanía a quienes respetaba que el confort material. Esta filosofía de sencillez atravesó todas sus decisiones, convirtiendo su última etapa en un período de profunda reflexión.
De la incredulidad a la acción: por qué Charlie Munger volvió a invertir en carbón
La historia de inversión de Charlie Munger está llena de paradojas, pero una de las más sorprendentes es su decisión en 2023 de invertir una gran cantidad de capital en la industria del carbón, sector que había evitado durante 60 años. Esta decisión parecía contraria a la tendencia, en un momento en que la mayoría del mercado creía en la inevitable declinación de la energía a base de carbón.
Pero la lógica de Munger fue otra. Vio una discrepancia entre los pronósticos pesimistas de los analistas y la economía real de la demanda global de energía. Según su evaluación, los productores de carbón seguían siendo rentables, sus acciones estaban subvaloradas y la industria, solo en los libros de los analistas, estaba condenada a desaparecer. Como recuerda su hijastro Hal Bortwick: «Leyó un artículo que decía que la industria del carbón estaba muerta. Él simplemente dijo: ‘Eso es absurdo’».
En mayo de 2023, Munger realizó varias compras: acciones de Consol Energy y luego una participación significativa en Alpha Metallurgical Resources. Esta apuesta resultó no solo acertada, sino brillante. Para el momento de su fallecimiento, el valor de su posición había aumentado varios cientos de por ciento, generándole una ganancia en papel de 50 millones de dólares. Este ejemplo demostraba claramente que, incluso a los 99 años, la inteligencia y la capacidad de ver lo que otros pasan por alto siguen siendo los activos más valiosos de un inversor.
Cuando las relaciones vecinales se convierten en imperio: la historia de Afton Properties
Pero la actividad inversora de Charlie Munger en sus últimos años no se limitó a los mercados financieros. Una de sus aventuras empresariales más importantes comenzó con un simple golpe en la puerta.
En 2005, un joven vecino, Avi Mayer, de solo 17 años, acudió a Munger. El joven atravesaba una crisis: luchaba en sus estudios y no veía sentido en el camino educativo tradicional. En lugar de aconsejarle seguir la ruta convencional, Munger le propuso una alternativa: educación a través de la observación y la práctica. Se convirtió en su mentor y, lo que es más importante, en su oyente.
Años después, cuando Avi Mayer y su amigo de la infancia, Ruvén Gradon, decidieron incursionar en bienes raíces, Munger vio una oportunidad y decidió ser su inversor. Desde aproximadamente 2017, el trío comenzó a comprar complejos de apartamentos pequeños en el sur de California. En unos pocos años, reunieron un portafolio de unas 10,000 unidades.
Pero el papel de Munger no fue pasivo. Participó personalmente en cada aspecto del negocio: desde la evaluación de las propiedades hasta la elección de la paleta de colores de las fachadas. Cuando fue necesario mejorar los espacios exteriores, Munger quiso plantar nuevos árboles — y gastó cientos de miles de dólares en ello. Detrás de este proyecto estaba su convicción: un entorno de calidad atrae y retiene buenos inquilinos.
La estrategia financiera también reflejaba su forma de pensar. Siguiendo el consejo de Munger, el equipo optó por créditos a largo plazo con tasas fijas, para obtener estabilidad y mantener los activos durante décadas, no años. Esta táctica resultó ser decisiva: cuando las tasas de interés subieron más tarde, el portafolio permaneció protegido. Actualmente, el valor de Afton Properties se estima en alrededor de 3 mil millones de dólares. Hasta sus últimos días, Munger no dejó de tomar decisiones de inversión para la compañía, y la última adquisición de bienes raíces fue aprobada apenas unos días después de su fallecimiento.
Resiliencia vital: cómo afrontar el ocaso con dignidad y humor
La vida no fue indulgente con Charlie Munger en cuanto a su salud. Una operación fallida para extirpar una catarata en 1978 lo dejó ciego del ojo izquierdo. Décadas después, alrededor de 2014, comenzaron problemas en el otro ojo: el nervio óptico del ojo derecho fue afectado, y los médicos advirtieron sobre una posible ceguera total. En ese momento, la mayoría de las personas caería en la desesperación.
Pero Munger eligió otro camino. Según su amigo Lee Lu, enfrentó esa perspectiva con frialdad e incluso empezó a prepararse para aprender a leer en Braille. Con el tiempo, afortunadamente, la visión del ojo derecho empezó a recuperarse lentamente. Pero incluso en esa prueba, Munger no perdió su característico sentido del humor. Bromeaba diciendo que el secreto de su longevidad era la Diet Coke, y en una ocasión se quejó con un invitado: «¡Oh, si pudiera volver a los 86 años!» — palabras que pronunció ya a los 99.
Con la pérdida de movilidad, Munger tuvo que abandonar el golf, pero nunca dejó de participar activamente en la vida. Cada martes desayunaba en el Los Angeles Country Club con un círculo de empresarios y amigos, discutía ideas de inversión y compartía su filosofía de vida. Cuando su familia intentó imponerle una dieta saludable, él rechazó esas ideas con calma y disfrutaba con placer de hot dogs de Costco, hamburguesas de In-N-Out y pollo frito coreano.
Su mayor temor no era la debilidad física, sino la soledad espiritual. Comprendía que, a su edad, uno debe crear nuevas conexiones constantemente o quedar en completa aislamiento. Por eso cultivaba la amistad, organizaba encuentros y no se cerraba al mundo. Esa apertura, paradójicamente, prolongaba su vida — no físicamente, sino espiritualmente.
La última conversación: cómo se despidieron dos leyendas
Tras décadas de colaboración en Berkshire Hathaway, la relación entre Charlie Munger y Warren Buffett nunca se debilitó. Se llamaban una o dos veces por semana o cada dos semanas; sus conversaciones no eran solo intercambios, sino diálogos entre dos grandes mentes. Sin embargo, la distancia entre Los Ángeles y Omaha, sumada a los problemas de audición que marcaron sus últimos años, hacía que esas charlas fueran cada vez más difíciles. Según la nuera de Munger, Whitney Jackson, literalmente gritaban por teléfono — su comunicación era tan fuerte que los vecinos de las casas cercanas escuchaban cada palabra.
Cuando, unos días antes de su muerte, Munger fue llevado al hospital cerca de Montesito, comprendió que esa podría ser su última conversación. Pidió a su familia que saliera de la habitación y, quedándose solo con sus pensamientos y su teléfono, marcó el número de Buffett. Los dos legendarios socios, que juntos transformaron el panorama de las inversiones, se dijeron su último adiós. El contenido de esa charla permanecerá en secreto, pero su esencia fue clara: gratitud, respeto y el reconocimiento de que vivieron juntos una vida que cambió el rumbo de la historia de los mercados financieros.
Charlie Munger dejó tras de sí no solo una cartera de valores y bienes raíces por miles de millones de dólares. Dejó un paradigma de cómo vivir en los últimos años de la vida — activamente, con curiosidad, con humor y con apertura a nuevos desafíos. Su ejemplo mostró que la edad no es el fin de la innovación, sino solo su transformación.