Los metales preciosos enfrentan una presión a la baja renovada a medida que las fuerzas macroeconómicas cambian en contra de su atractivo tradicional como refugio seguro. Los precios del oro y la plata han retrocedido recientemente debido a un dólar estadounidense más fuerte y a un aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU., lo que incrementa el costo de oportunidad de mantener activos sin rendimiento como el oro y la plata. A medida que las tasas de interés reales suben, los inversores tienden a rotar hacia activos que generan ingresos, reduciendo la demanda de metales.


Además, la disminución de las tensiones geopolíticas y la estabilización de las expectativas de inflación han debilitado la urgencia de posiciones defensivas. Los bancos centrales, que fueron grandes compradores de oro en los últimos años, muestran signos de una acumulación más lenta, lo que reduce aún más el impulso alcista.
En el aspecto técnico, la toma de ganancias tras fuertes rallys ha acelerado la corrección, desencadenando un sentimiento bajista a corto plazo. Sin embargo, la perspectiva general sigue siendo mixta. Riesgos estructurales como los niveles de deuda, la volatilidad de las monedas y posibles desaceleraciones económicas podrían reactivar la demanda de refugios seguros.
En general, esta corrección parece ser cíclica en lugar de estructural, y es probable que los metales preciosos sigan siendo sensibles a las tasas de interés, la fortaleza del dólar y el sentimiento de riesgo global.
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