Acabo de revisar los archivos y encontré algo que vale la pena volver a analizar: en 2018, los ETFs de software estaban arrasando en comparación con el sector tecnológico en general. El Índice de Tecnología-Software de Norteamérica del S&P estaba con un 28% de ganancias, mientras que el ETF tecnológico general XLK solo había subido un 14%. Esa divergencia indica algo sobre dónde fluía el verdadero impulso.



¿Qué hizo que los ETFs de software fueran tan dominantes ese año? La computación en la nube, la ciberseguridad, las plataformas CRM y los juegos, básicamente todas las tendencias de software empresarial que puedas imaginar estaban funcionando a toda máquina. Se proyectaba que el gasto corporativo en software y servicios creciera un 6.2% anual, la tasa más fuerte desde 2007.

Voy a desglosar las principales opciones que estaban funcionando. IGV, el ETF iShares de Software y Tecnología de Norteamérica, seguía ese índice del S&P que mencioné y tenía más de $2 mil millones en activos. Es ponderado por capitalización, así que naturalmente dominado por los sospechosos habituales: Salesforce, Microsoft, Adobe, Oracle, que representaban un tercio del peso del fondo. El fondo en sí subió un 28% ese año, aunque había que soportar un ratio P/E superior a 46.

Si querías exposición sin que te aplastara la concentración en mega-cap, XSW ofrecía un enfoque diferente. Este usaba ponderación igualitaria en 127 participaciones, lo que significaba que tus 10 principales posiciones solo representaban alrededor del 9% del fondo. Esa inclinación hacia acciones más pequeñas entregó casi un 25% de retorno con un ratio P/E más razonable de 25.30.

Luego estaba PSJ, el ETF de Software Dinámico de Invesco, que usaba una metodología completamente distinta: centrarse en el impulso de precios, el impulso de ganancias y métricas de calidad. Con solo 30 participaciones, era mucho más concentrado que los otros ETFs de software, pero aún así logró más del 29% de ganancias. Microsoft y Salesforce representaban más del 10% de ese fondo.

La ciberseguridad también estaba recibiendo atención seria. HACK seguía el Prime Cyber Defense Index, incluyendo empresas que ofrecen hardware, software, consultoría y servicios. Más del 62% de sus participaciones eran apuestas puras en software. En ese entonces, los ciberataques estaban causando daños por más de $3 billones anualmente, con proyecciones que sugerían que eso podría duplicarse hasta $6 billones para 2021. Ese tipo de entorno de amenazas significaba que se estaban realizando gastos importantes.

Para quienes apostaban por los juegos, GAMR era el vehículo: con una superposición significativa con participaciones tradicionales de software como Electronic Arts, y había más que duplicado su valor en los tres años anteriores. Las descargas de juegos digitales estaban subiendo del 31% en 2010 hacia el 93% en 2021, así que los vientos a favor eran reales.

AIQ era una entrada más reciente, debutando en mayo y siguiendo temas de inteligencia artificial y big data. Más del 51% de sus participaciones estaban clasificadas como empresas de software, y ya había acumulado $53 millones en activos a pesar de ser muy nuevo.

La computación en la nube era otro motor enorme. SKYY ofrecía exposición a esa tendencia sin que tuvieras que escoger acciones individuales. Se proyectaba que el mercado de servicios en la nube creciera un 21.4% solo ese año. Empresas como Microsoft y Amazon estaban navegando esa ola con fuerza.

Mirando hacia atrás en ese período, los ETFs de software representaban un cambio estructural genuino en dónde se concentraba el liderazgo tecnológico. El hilo común en todos estos fondos era una demanda robusta de soluciones empresariales en múltiples verticales. Ya fuera que quisieras exposición pura a software, temas más específicos como ciberseguridad o juegos, o áreas emergentes como IA y computación en la nube, había opciones sólidas para captar esa tendencia.
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