Acabo de recordar una fecha emblemática en la historia de las criptomonedas. Hace exactamente 11 años, el 28 de agosto de 2014, falleció Hal Finney, una figura sin la cual la criptomoneda sería completamente diferente. No fue solo el primer usuario de Bitcoin, sino la persona que literalmente puso en marcha la red en su computadora.



Hal Finney recibió la primera transacción en la historia: exactamente 10 BTC del propio Satoshi Nakamoto. ¿Pueden imaginarlo? Estaba allí desde el principio, cuando nadie aún creía en esto. Finney no solo creía, sino que actuó. Ejecutó un nodo, comenzó a minar, participó en el desarrollo de la red cuando estaba literalmente vacía.

Lo que me sorprende es que Hal Finney dejó un testamento. Antes de morir, tomó una decisión que suena como ciencia ficción: congelar su cuerpo con la esperanza de que las futuras generaciones encuentren una forma de curar su enfermedad. Criónica. Esa fue su apuesta por el futuro, por el avance suficiente de la ciencia.

Muchos todavía discuten si Finney fue realmente Satoshi Nakamoto. Creo que eso no es tan importante. Lo que importa es que Hal Finney fue una persona real que creyó en la idea y ayudó a hacerla realidad. Su contribución a la historia de las criptomonedas es invaluable.
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