La primera aparición del nuevo presidente de la Reserva Federal: ¿bajar o subir tasas? Pero, ¿cómo decirlo?


Esta semana, Kevin Waller presidió por primera vez la reunión de tasas de interés como presidente de la Reserva Federal. ¿Subir tasas? No hay posibilidad. El mercado apuesta con alta probabilidad a que en junio no se mueva nada, la verdadera incógnita es — qué señales dará.
La situación que hereda Waller no es pequeña: el IPC de EE. UU. en mayo subió un 4.2% interanual, alcanzando un máximo de tres años, con los precios de energía contribuyendo más del sesenta por ciento; las nóminas no agrícolas aumentaron 172,000, la tasa de desempleo se mantiene en 4.3%, la economía está muy fuerte. Pero la vida de la gente no es fácil, con la presión de los precios, el aumento en incumplimientos de tarjetas de crédito, las ganancias de activos, pero las dificultades en la base de la sociedad.
También hay tensiones políticas. Trump ha declarado públicamente que “subir tasas es un error, hay que bajarlas”, pero luego dice hipócritamente “que sea Waller quien decida”. El mercado está atento a cómo responderá Waller a esta declaración — quiere mantener la cara de la Fed, pero no puede enfrentarse directamente al presidente, ese equilibrio es difícil de mantener.
Dentro de la Fed, la discusión también está caliente: el director Cook dice “la inflación va en la dirección equivocada, estoy listo para subir tasas”, Harbeck advierte “si no actuamos ahora, el costo será mayor después”, incluso Waller, más dovish, suelta que eliminará la frase “más probable que baje tasas en el próximo paso”. La mayoría coincide en que en junio no se moverá nada, pero la declaración cambiará de una postura más dovish a una neutral real, incluso más hawkish.
Waller ya dijo en su toma de posesión que quiere una Fed “orientada a reformas”, que odia pelear con modelos, que desprecia un balance demasiado grande, y que desprecia las promesas futuras sobre la trayectoria de las tasas — eso limitaría sus movimientos. Prefiere usar un lenguaje vago en lugar de instrucciones claras, cambiar la comunicación de “guiar expectativas” a “explicar riesgos”, dejando espacio para maniobrar.
Por eso, su primera aparición será bastante clara: mantener las tasas sin cambios será la opción obvia, y la declaración será más ambigua; al mismo tiempo, dejará claro su límite — esta Fed no tolerará una inflación elevada a largo plazo.
Pero surge el problema: ahora la inflación es causada por el lado de la oferta — conflictos geopolíticos, barreras arancelarias, políticas industriales, subir tasas no puede detener la fuente, solo puede suprimir la demanda con fuerza. ¿No es esto otra vez la vieja estrategia de “EE. UU. enfermo, el mundo toma medicinas”? Por más que Waller hable, ¿realmente podrá con esta vieja herramienta de política monetaria cortar los enredos en el lado de la oferta? Quedamos a la espera.
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