La naturaleza humana es así: la verdad a menudo duele de verdad, y la realidad es cruel.


De pequeño, la forma en que tus familiares te tratan depende, en esencia, del lugar que ocupan tus padres.
Después de casarte, la frecuencia con la que tus familiares se relacionan contigo depende del estatus de la persona de tu casa.
El pobre se pone en la esquina de una encrucijada y “juega” con diez ganchos de acero, pero no logra arrancar a los seres queridos, a la sangre.
El rico, en lo profundo de los montes y el bosque viejo, practica con cuchillos y armas, palos y garrotes, pero no puede romper a los “amigos” sin sentido.
La actitud de los demás hacia ti oculta la brújula de tu valor: pueden lamer, pero no pierdas el orgullo.
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