He escalado más de veinte cumbres, en un instante una pieza encaja al borde,
la caída es suave como untada en aceite, desciende sin mirar atrás.
Primero rompe los dieciocho sin soporte, luego atraviesa los diez como agua fluyendo,
ocho, cinco, pasan de prisa, el umbral de tres se pierde en un instante.
Mientras el mercado principal se tiñe de rojo, este va solo en verde,
contracorriente y terco, parece un toro resistente,
dos, uno, la caída se acelera, la cuenta mengua y las lágrimas son difíciles de contener.
El consenso se proclamaba en lo alto, pero al final solo eran promesas vacías,
la lí
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