Nadie cree en los gritos de “¡Lobo, lobo!”. El autor normalmente pasa por alto las palabras de Peter Schiff. Él critica constantemente a Bitcoin como una estafa, busca defectos en las acciones tecnológicas con buen rendimiento, y cuando habla, suele derramar un tono pesimista, por lo que el mercado a menudo lo considera un “reloj roto”. Pero hay que reconocer lo que hay que reconocer. En esta ocasión, Schiff tiene razón. La situación actual del mercado se está desarrollando según sus predicciones.
Los precios del oro y la plata están disparándose. No se puede simplemente culpar a las fuerzas especulativas. Esto es una advertencia aterradora para nuestro sistema económico central, y también un grito silencioso del mercado.
Reflexionemos con racionalidad. Los inversores están vendiendo en todo el mundo los bonos del Tesoro de EE. UU., considerados los activos más seguros, como si lanzaran zapatos rotos. Abandonan los bonos que pagan intereses periódicos y huyen hacia el “activo sin rendimiento” que es el oro, que no genera intereses. Este fenómeno está ocurriendo. Es una paradoja que la lógica capitalista no puede explicar. Es una señal terrible de que los inversores están optando por la preservación del capital (Preservation) en lugar de la rentabilidad (Yield).
El diagnóstico de Schiff es claro. La subida del precio del oro no es el problema. La esencia está en que el oro sube “en medio del crecimiento explosivo de la deuda nacional de EE. UU.”. El gobierno estadounidense imprime bonos astronómicos para pagar la deuda, pero el mercado ya no puede absorberlos. No, más precisamente, ha perdido la voluntad de hacerlo. Esto significa que los participantes del mercado están declarando una “retirada de confianza” en el dólar y en los bonos del Tesoro, que son el sistema central.
La visión del mercado es aguda. Los cálculos fríos ya están hechos: “Para pagar una deuda que crece como una bola de nieve, solo queda devaluar la moneda”. La “festín de liquidez” que disfrutamos durante más de una década empieza a enviar la factura.
Entonces, ¿qué debemos hacer? La respuesta es muy clara: hay que abandonar la inercia para sobrevivir.
Primero, hay que redefinir qué es un “activo seguro”. La ecuación “Bonos del Tesoro de EE. UU. = Sin riesgo” ya se ha roto. La explosión de los precios del oro y la plata demuestra que los fondos están fluyendo masivamente hacia “activos físicos sin riesgo de contraparte emisora (Hard Assets)”. Si solo confías en carteras basadas en papel moneda, sufrirás pérdidas.
En segundo lugar, hay que centrarse en los “pies” del dinero, no en la “boca” de los expertos. No es momento de dejarse influenciar por el ruido (Noise) sobre si Bitcoin está vivo o muerto. El capital masivo ha dejado de jugar a la rentabilidad y se ha refugiado en un refugio de “preservación de valor”. Ser imprudente y actuar en contra de esta gran corriente de fondos (Money Move) sería un error.
En tercer lugar, hay que prepararse para la dura criba de la gran marea. La era en la que invertir con deuda y esperar que suba ya terminó. Las acciones sin fundamentos sólidos caerán como hojas en otoño; solo los activos cuya escasez y credibilidad hayan sido verificadas podrán sobrevivir.
Los metales preciosos, que suelen permanecer en silencio, en momentos de crisis gritan para revelar la verdad. En este momento, esos gritos suenan como una alarma. Si por desdén hacia los mensajeros se ignoran también los mensajes, ante la inminente ola gigante, no habrá forma de escapar. Es hora de ponerse en marcha y actuar con determinación.
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[Editorial] "Peter Schiff tiene razón"... una advertencia inquietante del oro
Nadie cree en los gritos de “¡Lobo, lobo!”. El autor normalmente pasa por alto las palabras de Peter Schiff. Él critica constantemente a Bitcoin como una estafa, busca defectos en las acciones tecnológicas con buen rendimiento, y cuando habla, suele derramar un tono pesimista, por lo que el mercado a menudo lo considera un “reloj roto”. Pero hay que reconocer lo que hay que reconocer. En esta ocasión, Schiff tiene razón. La situación actual del mercado se está desarrollando según sus predicciones.
Los precios del oro y la plata están disparándose. No se puede simplemente culpar a las fuerzas especulativas. Esto es una advertencia aterradora para nuestro sistema económico central, y también un grito silencioso del mercado.
Reflexionemos con racionalidad. Los inversores están vendiendo en todo el mundo los bonos del Tesoro de EE. UU., considerados los activos más seguros, como si lanzaran zapatos rotos. Abandonan los bonos que pagan intereses periódicos y huyen hacia el “activo sin rendimiento” que es el oro, que no genera intereses. Este fenómeno está ocurriendo. Es una paradoja que la lógica capitalista no puede explicar. Es una señal terrible de que los inversores están optando por la preservación del capital (Preservation) en lugar de la rentabilidad (Yield).
El diagnóstico de Schiff es claro. La subida del precio del oro no es el problema. La esencia está en que el oro sube “en medio del crecimiento explosivo de la deuda nacional de EE. UU.”. El gobierno estadounidense imprime bonos astronómicos para pagar la deuda, pero el mercado ya no puede absorberlos. No, más precisamente, ha perdido la voluntad de hacerlo. Esto significa que los participantes del mercado están declarando una “retirada de confianza” en el dólar y en los bonos del Tesoro, que son el sistema central.
La visión del mercado es aguda. Los cálculos fríos ya están hechos: “Para pagar una deuda que crece como una bola de nieve, solo queda devaluar la moneda”. La “festín de liquidez” que disfrutamos durante más de una década empieza a enviar la factura.
Entonces, ¿qué debemos hacer? La respuesta es muy clara: hay que abandonar la inercia para sobrevivir.
Primero, hay que redefinir qué es un “activo seguro”. La ecuación “Bonos del Tesoro de EE. UU. = Sin riesgo” ya se ha roto. La explosión de los precios del oro y la plata demuestra que los fondos están fluyendo masivamente hacia “activos físicos sin riesgo de contraparte emisora (Hard Assets)”. Si solo confías en carteras basadas en papel moneda, sufrirás pérdidas.
En segundo lugar, hay que centrarse en los “pies” del dinero, no en la “boca” de los expertos. No es momento de dejarse influenciar por el ruido (Noise) sobre si Bitcoin está vivo o muerto. El capital masivo ha dejado de jugar a la rentabilidad y se ha refugiado en un refugio de “preservación de valor”. Ser imprudente y actuar en contra de esta gran corriente de fondos (Money Move) sería un error.
En tercer lugar, hay que prepararse para la dura criba de la gran marea. La era en la que invertir con deuda y esperar que suba ya terminó. Las acciones sin fundamentos sólidos caerán como hojas en otoño; solo los activos cuya escasez y credibilidad hayan sido verificadas podrán sobrevivir.
Los metales preciosos, que suelen permanecer en silencio, en momentos de crisis gritan para revelar la verdad. En este momento, esos gritos suenan como una alarma. Si por desdén hacia los mensajeros se ignoran también los mensajes, ante la inminente ola gigante, no habrá forma de escapar. Es hora de ponerse en marcha y actuar con determinación.